El enérgico carácter de Jaume I

La fundación del Monasterio de Benifassá ha sido ligada a un hecho de la vida de Jaume I, frecuentemente citado por los historiadores para describir su carácter enérgico. Se trata del la orden que dictó el monarca de cortarle la lengua a su confesor y obispo Berenguer de Castellbisbal en 1246.

Esta despiadada acción fue motivada por un desliz del eclesiástico que informó a Roma de las relaciones extramaritales que el monarca mantenía con Teresa Gil de Vidaure. Esta información le había llegado a través del sacramento de la confesión. Así pues, Jaume I entendió que el clérigo había sobrepasado los límites del poder espiritual y desterró del reino al religioso.

Sin embargo, Berenguer de Castellbisbal, fue nombrado Obispo de Girona y regresó a las tierras catalanas para ocupar su diócesis. Jaume I, al enterarse de que había sido violada la orden de expulsión, mandó apresarlo y llevarlo a su presencia. Allí le impuso la pena de cortarle la lengua.

La reacción de la Roma fue fulminante y llegó bajo la amenaza de la excomunión. Jaume I, el cruzado peninsular, el reconquistador de tierras cristianas, no podía mantener por mucho tiempo este divorcio con la Iglesia (que constituía, además, una amenaza para el trono) y tuvo que acceder al perdón.

Entre las diversas penitencias se hallaba la de dotar económicamente al Monasterio de Benifassà de todo lo necesario para que pudiera albergar cuarenta frailes. La fundación del cenobio se había iniciado 12 años antes. Sin embargo, con esta donación, el monasterio pudo culminar su obra.

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