El amor cortés

El amor cortés, acotado y cantado por los trovadores a partir del siglo XII, describía el amor incondicional y pasional que un hombre profesaba a una mujer, generalmente casada, a la que constantemente cortejaba en espera de alguna prueba de correspondencia.

Obviamente era una relación secreta y adúltera. que se movía por los resortes de la pasión y cuyo objetivo final era la relación carnal. Estar enamorado de una dama, era sinónimo de estar a su servicio.

En ese siglo, los trovadores y juglares provenzales convierten la lengua de oc en el primer dialecto derivado del latín con rango de lengua literaria. Este estilo narrativo se extendió por el norte de Francia y el territorio catalán. Estas obras poéticas eran compuestas por los trovadores y cantadas y divulgadas por los juglares. Fue una época en la que destacaron autores como Chrétien de Troyes, Andrés el Capellán, Wolfram von Eschenbach o Godofredo de Estrasburgo.

Los trovadores profesionales necesitaban ser acogidos en alguna corte, bajo la protección de la mujer del noble o del rey. La fama de estos artistas era notable, como la que obtuvo Raimon de Miraval, un auténtico seductor que era sorteado por las damas de la alta sociedad, para ser merecedoras de su atención. Esta época de amor cortés coincide, de hecho, con el desarrollo feudal y la cultura en torno a los castillos señoriales.

Este amor  tenía sus reglas y se alcanzaba tras un largo proceso de conquista, donde la mujer debía ayudar a completar el desarrollo moral de hombre que la pretendía.

Este proceso amoroso tenía un claro componente extraconyugal y adúltero. En una sociedad donde el matrimonio era una transacción económica o política y una imposición social, el amor cortés era la máxima expresión de sentimientos libres, sin condiciones. La mujer era la soberana y el hombre su vasallo.

En la fase de cortejo, el hombre debía de aprender a manejar sus instintos y cultivar sus cualidades. Entraba en un proceso formativo de la personalidad donde debían de alcanzarse altas metas de generosidad, galantería, valor y animosidad.

No obstante, el amor cortés no era estrictamente platónico. Buscaba la fusión total con la amada, después de sortear los obstáculos y las pruebas que ponían en su camino.

Alcanzado el objetivo, el contacto amoroso permanecía en secreto, ya que las leyes sociales penalizaban este tipo de relación, fuera de las convenciones morales y religiosas de la época.  

 

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