Las estrenas

La costumbre de las estrenas, consistente en obsequiar a alguien en señal de agradecimiento, estaba muy instalada durante la Edad Media.

La fiesta de Navidad era la más favorecida para esta práctica, que incluía tanto a reyes y nobles (se regalaban entre sí dinero o joyas) como a plebeyos (a los enfermos de los hospitales se les donada un sueldo y los guardas de los portales de la ciudad recibían donaciones de la municipalidad y de los viajeros con mercancías que atravesaban las puertas durante todo el año).

Los cartujos de Portaceli eran especialmente sensibles a esta costumbre y obsequiaban a los portaleros de las torres de Serranos de Valencia por la amabilidad que les dispensaban cada vez que debían de atravesar el portal para comprar o vender productos en la ciudad.

Los enfermos del antiguo hospital de San Lázaro de Valencia recibían cada Navidad un sueldo de estrenas. El sueldo era una pieza de metal, de poco valor, con la que se pagada el trabajo diario de un obrero no cualificado.

Además de dinero, estas fiestas estaban plenas de intercambio de todo tipo de productos. Los más típicos eran los frutos secos (almendras, nueces, avellanas tostadas, higos y pasas), la miel y los turrones (turrón de almendra, turrón blanco y turrones de alegría).

 

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